Las paredes hablan... con Juan Diego Botto
28-02-2010
Las paredes hablan... con Juan Diego Botto
Descubre por qué el actor prefiere el Contraclub.
No es contra nadie, pero es, sin duda, a contracorriente. No es un garito underground, pero no es como los demás. ¿Por qué me gusta el Contraclub (c/Bailén, 16)? Quizá por las razones más sencillas. Tiene lo que espero encontrar en un local de noche. Tiene buena música. A veces en vivo, a veces no. A veces pincha Alex y entonces uno se vuelve moderno y nostálgico.
Y es que Alejandro, a los 50, es más joven que nadie, pero se le nota que, como dirían en Argentina, “no vivió al pedo”. La vida no le ha pasado por encima sino que le ha sacado el jugo a cada año, a cada mes y a cada día vividos y eso se nota en la forma de pinchar. “¿Hay mucha gente?”, me pregunta un amigo. Hay la justa. Es normal acercarte un sábado por la noche y ver una pequeña cola de gente esperando en la puerta. Cola que recuerda a los mejores locales de moda de Nueva York. Dentro siempre está lleno, pero nunca rebosa, siempre tienes tu hueco en tu barra con el espacio imprescindible para apoyar el codo. Ese acto reflejo que nos defiende de no se sabe qué miedo nocturno a perder el equilibrio. Y eso es quizá lo que más me gusta del Contraclub; su Equilibrio. Es lo que decía antes de las razones sencillas.
Un club clásico debe tener buena música, buenos camareros, música en vivo de vez en cuando y un espacio no demasiado grande para tener esa sensación de que es TU garito. Esa sensación de pertenencia a un local que todos hemos desarrollado alguna vez en la vida. En síntesis supongo que podría decir que hay locales a los que uno va o por los que uno pasa y luego hay otros que son los tuyos, los que sientes tuyos y tienes mil recuerdos vinculados a sus paredes.
Juan Diego Botto


